Antonio Ricardos y Carrillo de Albornoz




Antonio Ricardos y Carrillo de Albornoz, Rodríguez de Herrera y Antich

Caballero de la Orden de Santiago (1769) y Gran Cruz de Carlos III (1794)




(Imagen: B.N.E.)


Para conocer a este Caballero Gran Cruz de la Orden de Carlos III y de la Orden de Santiago, transcribimos un artículo publicado el 29-I-1894 en la revista semanal "La Ilustración Artística" (núm 631, pág.2) ,con motivo del centenario de su fallecimiento:

" La ciudad de Barbastro y con ella todas las provincias aragonesas se preparan á conmemorar el centenario de la muerte del ilustre general el Excelentísimo Sr. D. Antonio Ricardos Carrillo de Albornoz, acaecida en 13 de marzo de 1794.  
Deseosos á nuestra vez de contribuir en la medida de nuestras fuerzas á honrar la memoria de una de nuestras más legítimas glorias nacionales, trazaremos, bien que á grandes rasgos, la biografía del vencedor del Rosellón, tomando para ello los datos necesarios del interesantísimo trabajo leído por el Dr. D . Francisco López Cerezo en el Centro del Ejército y de la Armada de Madrid el 13 de marzo del año próximo pasado. 
Aunque Cádiz y Sevilla se disputan la cuna del general Ricardos, parece fuera de toda duda que nació éste en Barbastro en 12 de septiembre de 1727. Crióse y educóse en Cádiz al lado de su tío paterno, D. Juan Nicolás, y á los 14 años vistió el uniforme de capitán de caballería del regimiento de Malta, incorporándose á los 16 á dicho regimiento, del que era coronel su padre y en el cual hizo la guerra emprendida por España en Italia para dar un trono al infante D. Felipe. Su valor y su inteligencia le valieron el ascenso á coronel y el mando del citado regimiento: contaba entonces 20 años. 
 
En la guerra de Portugal de 1762 ganó el empleo de brigadier, y al año siguiente, en la campaña de Oran, el de mariscal de campo, pasando luego á Veracruz para el arreglo militar de Nueva España, y más tarde á los Pirineos para demarcar los límites con Francia, y siendo promovido á teniente general en 1770. En 1773 fué nombrado inspector del arma de caballería, cargo que le permitió demostrar sus grandes dotes de organizador, y del que fué separado en 17 88 cuando Floridablanca, enojado con el partido llamado aragonés, del que formaba parte Ricardos, le confió el mando de Guipúzcoa para de esta suerte tenerlo alejado de la corte.  
De su apacible retiro sacóle la declaración de guerra hecha por la Convención francesa en 1793, á consecuencia de la cual Carlos IV le confió el mando del ejército de Cataluña, que sin esperar la ofensiva de Francia debía penetrar en el Rosellón. No disponemos de espacio suficiente para reseñar ni aún á la ligera los brillantes triunfos de aquella memorable campaña, una de las más gloriosas de nuestra historia: baste decir que desde el 16 de abril de 1793 en que Ricardos penetró en Francia por el Coll del Portús, hasta fines de 1794 en que el Pirineo y los llanos del Rosellón quedaron en poder de los españoles, la victoria fué siempre para nuestras armas, gracias á la admirable dirección de aquel invicto general que hubo de luchar siempre con fuerzas muy superiores y que ganó en aquella expedición el tercer entorchado y la gran cruz de la real y distinguida orden de Carlos III. Llamado el general Ricardos á la corte, falleció en ella repentinamente el 13 de marzo de 1794, cuando se iba á incorporar nuevamente á su ejército y á recoger nuevos laureles, librando á su patria de las vergonzosas derrotas que experimentó con los mandos militares de los generales que le sucedieron. 
Durante un siglo ha sido punto menos que olvidado aquel caudillo, que por su excepcional inteligencia, por su vasta comprensión para averiguar los planes del enemigo, por su actividad infatigable y por su entereza de carácter merece figurar entre nuestros grandes capitanes, puesto eminente que le han señalado los mas severos críticos españoles y extranjeros.
 Hoy la ciudad de Barbastro se dispone á subsanar tan injustificado olvido: á los actos que para ello prepara se asociará sin duda España entera, siendo de esperar que antes de poco un monumento perpetuará la memoria de aquel de quien con justicia dijo en el primer aniversario de su muerte D. José Martínez de Hervás, en la Sociedad de Amigos del País de Madrid, que fué buen hijo, buen vasallo, buen ciudadano, excelente amo, amigo heroico, generoso con sus enemigos, igualmente capaz de sobresalir en el Ministerio y en el Senado, al frente de la provincia como al de los ejércitos, magnánimo, incorruptible y sólo amante del bien y de la gloria. - A." 








No hay comentarios: